Dulces pecados. La tradición preservada por siglos en un obrador conventual sólo puede terminar así; en pasteles de gloria, bienmesabe, suspiros de almendra, josefinas, tortas de Santa Clara, sultanas, bolitas coco y polvo de batata. Repostería elaborada en conventos de clausura bajo sugerentes nombres que hacen la boca agua y prometen el cielo. Durante centenares de años, las novicias que ingresaban en las órdenes religiosas de la provincia de Málaga traían consigo las recetas que se elaboraban en sus hogares, rurales o nobles, y que se veían enriquecidos con las aportaciones de las profesas que llegaban desde otras provincias, sin olvidar la influencia de la repostería musulmana, sobre todo entre los siglos XVI y XVIII.


