No conozco a nadie que haya visitado Málaga para ver su Semana Santa y se haya marchado decepcionado. Aunque no es de las más conocida, es una de las más sorpredentes. Y no lo digo por ser malagueño. La grandiosidad de sus tronos, que impresionan por sus dimensiones; la intensidad de las emociones; la participación de los barrios y vecinos… En fin, muchas cosas que son difíciles de explicar. Es mejor que vengas a verlas.


